jueves, 26 de abril de 2012

San Evaristo

Poblado pesquero al norte de la ciudad de La Paz, en el mar de Cortés, frente a la isla San José.

Para llegar se sigue la ruta de la carretera estatal a San Juan de la Costa, bordeando toda la bahía de La Paz, pasando San Juan continua por camino de terraceria en ocasiones en buenas condiciones, en otras no, hasta llegar a San Evaristo donde termina la ruta. Pero también se puede llegar por el camino que va desde la comunidad de Las Pocitas en el Km 115 a Cd. Constitución, se toma la brecha hacia La Soledad, por la sierra de los Dolores, hasta encumbrar, para después bajar por una brecha también en malas condiciones casi siempre, hasta llegar a la costa. Esta ultima ruta esta mas accidentada pero también se disfrutan bonitos aridos paisajes, tradicionales ranchos sudcalifornianos, numerosos aguajes con palmares y las inigualables vistas panorámicas hacia el Golfo de California.






Al final encontraras una famosa leyenda de la zona, llamada "el Mechudo"
Foto: APFC

El camino de terraceria, junto al mar donde se aprecia se hicieron cortes esn el cerro para ampliar el camino.


Foto: APFC
Se recomienda ir bien provistos los vehiculos con refacciones y combustible, pues por toda la ruta no hay servicios, aunque en San Evaristo se puede conseguir gasolina, no conviene arriesgar. Igualmente llevar provisones y agua pues desde San Juan de la Costa hasta allá, no hay ningun restaurant o tienda alguna.
Por la costa, es ruta ideal para los amantes de la fotografia, pues se consigue ver diferentes tipos de aves marinas y terrestres, asi como los coloridos paisejes en sus formaciones rocosas duramente erosionadas por las constantes brisas.
Es tambien ruta para llegar a San Luis Gonzaga, pasando por la Soledad, pero ahora tomando toda la sierra hacia el norte. (Ver la reseña de San Luis Gonzaga en este mismo blog)

Foto: APFC
El paisaje
Antes de llegar a San Evaristo recorriendo la costa pasas por algunos hermosos lugares, parajes de pescadores, ranchos, playas como: Punta los medanos, el cajete, el califin, agua de yepiz, el sauzoso, punta camarón, el coyote y otros mas.

Foto: APFC

Foto: APFC

Foto: APFC
Foto: APFC

Sensacionales formaciones de color rosa y verde en esta arida zona.

Foto: APFC
Foto: APFC

Foto: APFC

 Amanecer en San Evaristo


Vista de parte de la salina en San Evaristo.


Las dunas
Foto: APFC
En esta imagen se aprecia ya la pequeña bahia de San Evaristo, al fondo la isla San José.

Foto: SQ

Foto: APFC

Foto: APFC
 Algunos yates llegan hasta este lugar, donde sus ocupantes van disfrutar del paisaje y del mar
Foto: APFC
  Las embarcaciones de los pescadores y sus casas junto al mar.
Foto: APFC

Foto: APFC

Lugar del desembarco de las lanchas con el producto de la pesca, la mesa para destazar los peces y pasarlos a la refrigeración.

En particular, estando en San Evaristo, siempre he buscado un lugar, alguna casa donde pueda lograr, mediante un módico precio, que me preparen algún platillo con pescado o mariscos del lugar, todo muy fresco, no se pierdan estas delicias. He comido caldo de pescado riquisimo, con pocas verduras pues son escasas por allá, pero el sabor inmejorable; Tambien he comido caracoles en sopa con arroz y curiosamente acompañada con tortillas de harina de trigo. Un pescado a las brasas es preparado deliciosamente, al igual que pescado sancochado, tipo estofado, también con pocas verduras.

Foto: SQ

Frente a la isla San José en el golfo de California, aproximadamente a 40 millas de La Paz, existe en la costa una punta conocida como “el mechudo” nombre que proviene de una leyenda muy manoseada a conveniencia de quien la relata, pero que en si trata el siguiente tema y que fue publicada en un periódico de aquel tiempo.

Leyenda el Mechudo

Por finales del siglo XIX la pesquería de perlas era una de las actividades más productivas en las costas de la península por Golfo de California, actividad que requería de buzos con mucha experiencia y destreza para aventurarse a las profundidades del mar en busca de la concha y llevarla a la superficie.
En esa época la pesca en la mayoría de los casos era sin ningún equipo, el buzo solo se untaba de grasa, dicen que para soportar el frio, otros que para dar un mal olor y los animales no los atacaran. Solo iba previsto de una soga amarrada a la cintura, ligada hasta la embarcación, un palo tipo estaca para defenderse de los peces como el tiburón, el bufeo y otros que en esos tiempos se consideraban como peligrosos.
Fueron muchos los indios nativos y yaquis que perdieron la vida, por falta de experiencia, por ataque de animales u otras causas y quienes los contrataban en muchos casos los abandonaban a su suerte.
Cuenta la leyenda que en esas labores se acostumbraba siempre ofrendar una perla a la virgen, principalmente a la de Loreto, por lo que siempre había un buzo que se encargaba de buscar la concha nácar mas grande, en espera de encontrar dentro de ella una perla de gran tamaño y así agradecer a la virgen.
Sucedió que un día un indio yaqui, en total blasfemia, descreído y en son de burla dijo: “Yo voy, pero por la perla del diablo” y se lanzo al mar. Fueron minutos de espera, horas y el desdichado buzo no apareció, nunca regreso.
El equipo de buzos temerosos por lo escuchado, regreso a Loreto, comentando el desafortunado suceso, pero todavía con la esperanza de que la corriente marina lo hubiera arrastrado y hubiera naufragado en alguna zona alejada de costa.
Otro día regresaron al mismo lugar, pues era uno de los mas ricos en ostras, se prepararon seis buzos para lanzarse al mar, uno por uno se fueron lanzando y así como entraron al mar, en orden fueron regresando a la superficie, gritando “allá está”, “yo lo vi” subieron a la embarcación y por nada del mundo los hicieron bajar al mar.
Comentaron después muertos de miedo, que el desdichado buzo, flotaba a medias aguas, con su pelo suelto, que lo veían incluso más crecido, en una mano llevaba una ostra abierta en la que se veía una gran perla adentro.
La voz se corrió por toda la península, sin embargo meses después no faltó un incrédulo que se intereso en ver lo que le habían narrado, con todas las señas del lugar, se lanzo al mar y encontró al buzo, con la cabellera mucho mas crecida, al igual que algo de su barba, por lo que salió despavorido, describiendo a "el mechudo" que se habia encontrado flotando en las profundidades del mar.
De ahí en adelante se corrió la leyenda que en lugar continuaba flotando aquel buzo en espera del perdón por su blasfemia y el lugar tomo el nombre de punta “el mechudo”.
Otros platican que al pasar cerca de la punta han visto emerger de las aguas al famoso buzo mechudo, pero al acercarse, se vuelve a sumergir, por lo que el lugar esta siniestramente marcado por los navegantes lugareños, dado que además la zona es a veces atacada por espesa neblina, que le da adicionalmente un tono de más pavor.
Esta es la versión que se conoce como mas antigua y la otra mas comentada es la retirada de la cuestión religiosa y se maneja como una acción mas natural y técnica, como es que una gran ostra al abrirse le atrapo los cabellos y no lo soltó hasta ahogarse, otra que se ahogó por estallamiento de los pulmones al lanzarse a una profundidad mayor que la común.

Punta El Mechudo

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